EL ESTOUPO
EN TRAVESIA POR LOS PICOS DE EUROPA
(Fotografías
de la ruta)
Picos constituye, sin duda, la referencia preferida de todo buen montañero y el Grupo de Montaña “El Estoupo” se acerca con cierta frecuencia a ellos, aún a pesar de la distancia que nos separa, con el fin de disfrutar de los parajes y rutas montañeras que nos ofrece.
El
pasado 22 de mayo la excursión transcurrió por el macizo occidental
del Parque Nacional de los Picos de Europa. Recordemos al lector que en el Parque
se distinguen tres macizos: el Occidental o del Cornión, donde se ubicaba
el antiguo Parque Nacional de la montaña de Covadonga hoy incluido en
Picos resultado de la ampliación de 1994 ; el Central o de los Urrieles,
que es el más extenso y el que cuenta con mayores altitudes, con Torrecerredo
como cota máxima: 2.648 m, y en el que se encuentran otras montañas
importantes (Naranjo de Bulnes, Llambrión, Peña Vieja, etc.);
y el Oriental o Andara, algo más reducido que los anteriores.
Desde al aparcamiento
de la Buferrera, situado bajo el Lago Enol, iniciamos la travesía
ascendiendo
por una pista que discurre por una morrena glaciar. Al llegar a lo alto, con
el lago Ercina a la derecha, descendimos hacia la fuente La Texa y la majada
de La Llomba para alcanzar la singular majada de Belbín. Realizamos una
breve parada para admirar esta amplia y hermosa pradería plagada de abundantes
cabañas perfectamente rehabilitadas donde se elabora y madura el queso
de “Gamonedo” en la variedad de “Gamoneu del Puertu “.
Reanudamos la marcha
sorteando la morrena de la Llomba y entramos en el Valle de los Reguerotes,
alcanzando a su final la majada de La Güelga. Desde allí remontamos
la empinada canal que nos dejó en los Jous de Lleña. Tras la esforzada
subida decidimos hacer un alto para descansar y reponer fuerzas. Las vistas
en este punto eran impresionantes, abajo las pequeñas majadas de Brañarredonda
y Parres conformaban una bella estampa a semejanza de un pequeño belén
navideño, y al fondo se podía apreciar toda la montaña
de Covadonga y sus lagos. Aquello merecía un receso en el camino para
que las imágenes fijadas en nuestra retina pudieran ser plasmadas con
nuestras cámaras fotográficas.
Continuamos por un marcado valle hasta desembocar en las praderías de la majada de Arnaedo, donde encontramos la señalización de la ruta de gran recorrido denominada Ruta de la Reconquista, que debe su nombre a que , entre otros así lo mantiene el historiador D. CLAUDIO SÁNCHEZ ALBORNOZ, por ella huyeron los sarracenos derrotados de la batalla de Covadonga. Desde aquí afrontamos en ascensión la canal que nos llevó hasta el Collado de Sierra Buena que es el punto más alto de la ruta a 1.400 metros. Tras otro breve receso para reponer fuerzas, comenzamos el descenso a la amplia llanada de Vega Maor,
Nuestras
miradas iban de un lado a otro, queríamos contemplar y disfrutar de esa
paz idílica que se respira en uno de los escenarios ancestrales de la
vida de los pastores. La sensación de quietud y tranquilidad embarga
al caminante, propiciando la reapertura del eterno debate sobre la oportunidad
y conveniencia de dejar acceder sin limitaciones a territorios exclusivos hasta
hace pocos años de esos pastores y sus rebaños a unos “urbanitas”
intrusos que pueden alterar el ya delicado equilibrio existente.
Tras
recorrer todo lo largo de la vega y visitar la impresionante sima llamada Pozo
de los Texos, llegamos a un pequeño colladín que da paso a la
parte alta de la garganta del cares hasta bajar hasta los puertos de Ostón,
que se presentan en amplísima depresión que forma una especie
de terraza o rellano con una elegante proa, que es la Peña , espectacular
atalaya sobre el Cares a la que en unos minutos ascendimos. La perspectiva desde
allí de las altas cimas de los Urrieles era realmente hermosa. Sus elevadas
cumbres lanzan sus cordales hacia la garganta del cares de forma perpendicular
con numerosas canales como las de Moeño, Dobresengos, Ría y del
Agua que son largas, gigantescas, de gran recorrido. Otras, las de Estorez y
Sabugo son mas cortas pero de gran inclinación.
Comimos
la Peña e iniciamos, con las debidas precauciones, el
descenso
a la canal de culiembro por las infinitas revueltas que la senda dibuja en el
pedrero y que finalmente, con el consiguiente sufrimiento de nuestras rodillas,
nos dejó en el lugar donde antiguamente estaba el pueblo de Culiembro.
Ya estábamos en la senda del Cares pero aún nos quedaban unos
cinco kilómetros hasta Poncebos, que con las colladinas como “puntilla”
para nuestras sufridas piernas, parecieron interminables. Para colmar el vaso,
la tormenta y la lluvia hicieron su aparición en estos últimos
kilómetros.
Mojados y agotados llegamos a Poncebos a media tarde. Allí afloraron sentimientos encontrados. De una parte el cansancio era patente entre los miembros del grupo, de otra la satisfacción de haber hecho tan emocionante y complejo itinerario nos confortaba.
GRUPO DE MONTAÑA "EL ESTOUPO"
(Fotografías
de la ruta)